15/03/2010

EL ESPÍRITU SANTO Y TU CONSCIENCIA

Trataremos de demostrar cómo el Espíritu Santo se relaciona en nuestra vida. Debido a la confusión que existe, se hace necesario aclarar la confusión, la mala representación y las falsas expectativas.
Romanos 8:1- 4 (versión Dios Habla Hoy) “Así pues, no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, los que no viven según la naturaleza humana sino según el Espíritu. Porque la ley del Espíritu que da vida en Cristo Jesús, nos libera de la ley del pecado y de la muerte. Porque Dios ha hecho lo que la ley de Moisés no pudo hacer, pues no era capaz de hacerlo debido a la naturaleza del hombre pecador: Dios envió a su propio hijo en condición semejante a la de hombre pecador y como sacrificio por el pecado, para de esta manera condenar al pecado en la propia naturaleza humana. Lo hizo para que nosotros podamos cumplir lo que la ley ordena, pues ya no vivimos conforme a la naturaleza del hombre pecador sino conforme al Espíritu.”
Hoy vamos a hablar acerca del Espíritu Santo y nuestra conciencia. Uno de mis yernos, que está bien empapado en asunto de carros, fue el primero en enseñarme una frase que nunca antes había escuchado. Y se usa al referirse a un tipo de indicador que algunos carros usan para alertar al conductor de que hay problemas en alguna parte del carro. El me dijo, “Papá, esas son luces de idiotas.”
¿Qué es una luz de idiota? Pensé. El me explicó, que son luces que no te dicen la condición actual del equipo, como la presión del aceite o el voltaje de la batería. Las luces de idiota sólo prenden cuando hay graves problemas, y en ciertas ocasiones cuando las luces de idiota prenden... ¡Idiota, ya el daño ocurrió! Por el contrario, existen indicadores o relojes que continuamente te muestran la condición del equipo del carro en un área específica, con una breve mirada puedes saber la presión del aceite o cuantos voltios el alternador está generando.
Alguna gente sólo usa “luces de idiota” en la vida cristiana. Su vida cristiana es precaria porque internamente no tienen forma de saber si están en el camino correcto o no. Otros cristianos, tienen un indicador altamente calibrado. Este indicador calibrado continuamente observa la vida cristiana y los mantiene al tanto de cómo está su relación con Dios y con su prójimo. Este instrumento se llama la conciencia. Sin una conciencia altamente calibrada, la relación del cristiano con el Espíritu Santo está en peligro. Una persona que ora pidiendo recibir el Espíritu Santo y no le presta atención a las indicaciones de su conciencia, esta sentenciado a un fracaso en la vida cristiana.
Creo que el punto de contacto, el lugar donde el Espíritu de Dios se encuentra con nuestro espíritu, es la conciencia. Por lo tanto la Escritura es clara cuando nos dice que el secreto de una vida cristiana victoriosa es el testimonio de una conciencia clara. Pero antes de que hablemos de como tener y mantener una conciencia limpia, quiero que pensemos en cuáles son nuestras expectativas acerca del Espíritu Santo. Cuando decimos que queremos ser llenados por el Espíritu Santo, ¿qué esperamos que suceda? ¿Acaso la persona que se entrega totalmente al dominio del Espíritu Santo, pierde la capacidad de tomar decisiones?
¿Será posible que en algún momento el Espíritu Santo tome control sobre nosotros hasta el punto que nunca más tengamos que decidir entre el bien y el mal? ¿tomará él decisiones por nosotros? La persona que está llena del Espíritu Santo, ¿tendrá que tomar decisiones diariamente, o las hará el Espíritu por él? A veces en nuestros himnos cantamos que el Espíritu Santo tome control total. ¿Acaso el Espíritu Santo decidirá qué ropa te pondrás por la mañana, qué comerás en el desayuno y qué vas a hacer durante el día?
A veces pienso que esto es lo que quisiéramos que sucediera , porque entonces nunca seríamos responsables por nuestras propias decisiones. Claro, que si perdemos nuestra capacidad de tomar decisiones nos convertiríamos en robots. Mejor dicho, “robots celestiales.” He oído historias de gente que es poseída por espíritus diabólicos, pero no puedo imaginarme a alguien poseído por el Espíritu Santo. En otras palabras, yo puedo comprender que el diablo batalle por tomar control de nuestra capacidad de tomar decisiones, pero no puedo visualizar que el Espíritu Santo nos quite esta capacidad.
De hecho, estoy totalmente convencido que la persona que esté llena del Espíritu Santo no tendrá menos decisiones que hacer sino más decisiones que nunca. ¿Comprenden lo emocionante de nuestra existencia? Lo que nos hace diferentes de una flor o un gatito, es nuestra capacidad de decidir. El pecado rompió nuestra habilidad de poder discernir y escoger entre lo bueno y lo malo. Pero cuando el Espíritu de Dios mora en nosotros, nos devuelve nuestra voluntad. El Espíritu de Dios nos hace nuevos. Durante nuestra primera experiencia cristiana, solo podíamos diferenciar entre lo blanco y lo negro. Pero a medida que crecemos en la gracia, llenos del Espíritu Santo, seremos capaces de discernir cualquier cosa que sea corrupta y profana, o sea, ¡podemos reconocer el color gris!
Cuando estamos llenos del Espíritu Santo, nuestra conciencia se convierte en una red tan fina, que detendrá y aguantará cualquier cosa que no sea para la gloria y la honra de Dios. Es muy importante que entendamos a que nivel trabaja el Espíritu Santo. El Espíritu Santo trabaja con su poder re-constructivo al nivel de lo que nosotros somos. Con esto me refiero al lugar desde donde brotan nuestros pensamientos. ¿Has dicho alguna vez: “yo se que no debo haber hecho esto, pero...”? Esta es la parte de nosotros en la que el Espíritu Santo trabaja. Él no trabaja a nivel de nuestra vida externa. Todavía tendrás que decidir qué vas a desayunar, pero él trabaja a nivel del espíritu de donde nacen nuestras decisiones.
¿Les resulta claro entender esto? Cuando el Espíritu Santo mora en nuestro ser, él sigue siendo quien siempre ha sido y nosotros seguimos siendo nosotros mismos. El verdadero trabajo del Espíritu Santo en nosotros, si se lo permitimos, es re-crearnos. Bien adentro, a nivel de nuestra vida espiritual, él cambia el verdadero yo. ¿Pueden verlo? Naturalmente una nueva creación tendrá nuevos pensamientos y por ello nuevas acciones. Muchos de nosotros oramos para que el Espíritu Santo controle nuestras vidas. Pero no le hemos permitido tener acceso a quien verdaderamente somos, nuestro verdadero yo.
Todo este asunto se puede resumir en las palabras: “Me deleito en hacer tu voluntad, oh mi Dios, porque tu ley está escrita en mi corazón.” Cuando tengamos el corazón de Jesús, también tendremos la mentalidad de Jesús.” Nosotros podemos poner la ley en nuestras espaldas o podemos ponerla en nuestra mente. Pero no podemos poner la ley en nuestros corazones, sólo el Espíritu Santo es quien puede hacerlo. Esto es a lo que Jesús se refería cuando le dijo a Nicodemo, “tienes que nacer de nuevo”. Lo que estoy diciendo es simplemente esto: una persona que esté llena del Espíritu Santo no es una persona exenta de decidir entre el bien y el mal. De hecho, la persona llena del Espíritu es la única que puede hacerlo.
El punto que quiero resaltar es que el Espíritu no trabaja primordialmente al nivel de lo que dices o haces. Esto tendrás que decidirlo tú. El prefiere trabajar al nivel de lo que eres. La promesa es que “te daré un nuevo espíritu y pondré mi espíritu en tu ser.” El Espíritu Santo nunca podrá morar totalmente en medio nuestro hasta que cada uno de nosotros le permitamos que nos dé un nuevo espíritu. Hablemos ahora un poco del papel que juega nuestra conciencia en la vida cristiana en relación al Espíritu Santo.
Como les había dicho hace unos minutos, creo que el punto de contacto, donde nuestro espíritu se encuentra con el Espíritu de Dios es la conciencia. De hecho, aunque de una forma simplificada, si podemos decir que Dios nos habla, es por medio de la conciencia. Es por esta razón que en cualquier discusión o estudio del Espíritu Santo debe incluirse el papel que juega la conciencia. La conciencia es el centro nervioso espiritual. El lugar donde conocemos a Dios y la base de donde el Espíritu Santo, de una forma milagrosa, llama a nuestra voluntad y nos suplica que le permitamos entrar para cambiar nuestra naturaleza y convertirla en el carácter de Jesús.
Escuchen las palabras de Dios relacionadas con la importancia de tener una conciencia limpia. Sin embargo comúnmente conectamos la conciencia con la culpabilidad. Últimamente la palabra “culpabilidad” se ha convertido en una mala palabra. Pero recuerden que la culpabilidad es una función natural de la conciencia. El secreto de ser limpio de culpa no es suprimir la conciencia o golpearla con una plancha caliente, sino mas bien arrepentirnos de nuestros pecados y confesar nuestros errores a Dios y al hombre. Recuerden una cosa, que no puede haber un verdadero reavivamiento sin confesión y arrepentimiento.
Recuerden que no puede existir una curación verdadera de un sentimiento de culpa si no hay confesión. La promesa dice así “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo como para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda injusticia.” La primera función del Espíritu es convencernos de pecado. Esto se hace al nivel de la conciencia. Un cristiano que no tenga su conciencia clara ante Dios y los hombres, nunca podrá pretender que el Espíritu Santo more en él. Es por esto que es imperativo que cualquier estudio sobre el Espíritu Santo debe necesariamente incluir confesión y perdón de pecados. Porque esta es la razón de su existencia, poner al pecado a la mayor luz posible. El pecado sin confesar es el pecado imperdonable.
Es gracioso como a veces inventamos tantas excusas que nos impiden la confesión de pecados. Típicamente tendremos mas de 100 razones por las cuales no debemos excusarnos con alguien. Usualmente sonará así, “yo me equivoqué, pero ellos se equivocaron también,” o “yo te pido perdón si tu me pides perdón a mí también,” o “no hubiera hecho eso si no fuera por...” La primera función del Espíritu Santo es convencernos de pecado, por la sencilla razón de que hay caminos que le parecen bien a los hombres pero el final de los mismos es muerte.
Otra función del Espíritu Santo es de convencernos de juicio. En otras palabras que nosotros somos responsables. A pesar de todo lo que nos están diciendo en estos días acerca de que cada uno debe echarle la culpa al otro por su condición actual, la realidad es que, nos guste o no, algún día tendremos que pararnos en el juicio frente al trono de Dios y dar cuenta de cada una de las fases de nuestras vidas. Claro, que cubiertos con la justicia y la sangre de Cristo como una parte fundamental de nuestras vidas, nosotros como hijos de Dios, no tenemos a que temerle en el juicio final.
Otro aspecto del Espíritu Santo es el de convencernos de justicia. El Espíritu Santo de Dios es el que, si me permiten usar la ilustración, nos hace un transplante de órgano. El nuevo nacimiento es un fenómeno dinámico del Espíritu Santo, pero para evitar el rechazo del nuevo corazón tenemos que morir al yo. Porque nuestra naturaleza está en guerra con Dios.
Pero volviendo al asunto de la conciencia otra vez. Dado que la conciencia es el punto de contacto, la meta de la vida cristiana es tener una conciencia lo más sensitiva posible. ¿Se dan cuenta? Una conciencia clara, firmemente atada al Espíritu Santo nos da la habilidad de discernir entre lo bueno y lo malo. Esta habilidad que recibimos es una bendición especial del Espíritu Santo. La conciencia no es sólo el punto de convicción pero también es el punto donde él nos enseña.
Repaso
La conciencia es el punto de contacto con el Espíritu Santo, es su comunicador – un tipo de indicador– un radar, si le podemos llamar así. Recuerden, Dios es Dios y yo soy yo, aun cuando el Espíritu Santo more en mí. ¿Quién soy yo? ¿Qué soy yo? Lo que más se acerca a esta definición es que yo soy mi voluntad. Yo sé quien soy porque tengo voluntad propia, en cierto sentido mi voluntad soy yo. A medida que el Espíritu Santo comunica la palabra de Dios por medio de la conciencia, es mi voluntad la que tiene que responder. Mi voluntad soy yo.
Recuerden que el Espíritu Santo no nos controlará, es nuestra voluntad la que nos controla. En cambio el Espíritu sí nos:
1. Comunicará la voluntad de Dios por medio de su palabra.
2. Nos dará fuerzas para resistir tendencias heredadas y cultivadas hacia el pecado cuando se lo pidamos.
3. Creará una nueva vida, dentro de lo más profundo de nuestro ser, si se lo pedimos. Pero recuerden, esto lleva una secuencia de eventos. Él no hará el #3 a menos que le permitamos que nos purifique por medio de la Palabra, y nos limpie de toda injusticia. No puede haber una nueva vida sin haber muerto a la vieja vida. Aquí es donde nosotros estamos frustrando los intentos del Espíritu.
¡Qué regalo mas precioso de Dios! ¡El Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo morando en nosotros! Recuerden, nuestra conciencia es el punto donde él se comunica con nosotros. Por nuestra parte, se requiere nuestra voluntad – Pide y se te concederá. Busca y encontrarás, toca y se te abrirán las puertas. Al entregarle nuestra voluntad esto le permite bendecir nuestras vidas de muchas maneras maravillosas. Por medio del Espíritu, Cristo mora con nosotros, por medio del Espíritu estamos sellados para la redención y, lenta pero seguramente, asentados en la verdad para no flaquear.
Invitación
¿Cómo está nuestra conciencia? ¿Tu conciencia? ¿Hemos confesando nuestros pecados a Dios y le hemos pedido perdón? ¿Hemos hecho daño a otro y no le hemos dicho “lo siento estaba equivocado, le pido perdón? ¿Tenemos rencor en nuestros corazones contra alguien? ¿Hemos perdonado a aquellos que nos han hecho daño? El Espíritu Santo nos dará fuerzas para hacerlo.
Cuando una persona está llena del Espíritu Santo, actuará bajo la voz de su conciencia. Tenemos que mantener nuestra conciencia limpia, así como mantenemos nuestros anteojos o los cristales de los carros limpios. Es más fácil brincar, aplaudir, caerse de espaldas, o tener un servicio de sanación, que confesar nuestros pecados y arrepentirnos.
Llamado a una oración de confesión.
Textos de importancia:.
Hechos 24:16 (DHH) “Por eso procuro tener siempre limpia mi conciencia delante de Dios y de los hombres.”
2Corintios 1:12 (DHH) “Hay algo que nos causa satisfacción, y es que nuestra conciencia nos dice que nos hemos portado limpia y sinceramente en este mundo, y especialmente entre ustedes. Esto no se debe a nuestra propia sabiduría, sino a que Dios en su bondad nos ha ayudado a vivir así.”
1Timoteo 1:18,19 (DHH) “Timoteo, hijo mío, te doy este encargo para que pelees la buena batalla con fe y buena conciencia, conforme a lo que antes dijeron los hermanos que antes hablaron de ti en nombre de Dios. Algunos por no haber hecho caso a su conciencia, han fracasado en su fe.”
1Pedro 3:16 (DHH) “Pero háganlo con humildad y respeto. Pórtense de tal modo que tengan tranquila su conciencia, para que los que hablen mal de su buena conducta como creyentes en Cristo, se avergüencen de sus propias palabras.”

Los Enemigos de Una Vida Llena del Espíritu

Durante esta semana los he estado llamando a una vida santa. En realidad esta vida santa va más allá del estilo de vida de los hombres y mujeres del antiguo testamento, esta vida santa va más alla del pentecostés. Se trata de una experiencia para que el Espíritu Santo nos llene completamente y a su vez tenga cumplimiento la escritura que dice: “Es Cristo en nosotros, la esperanza de gloria,” “Permite que esta mente sea como la de Cristo.” Una experiencia que le de credibilidad a las palabras: “Me deleito en hacer tu voluntad, oh mi Dios, y tu ley esta escrita en mi corazón.”
Ahora en el 2000 esta experiencia de estar llenos del Espíritu Santo, finalmente exhibirá un comportamiento que no se veía desde los días del pentecostés. Y este comportamiento es que la gente guardará los mandamientos sin restarle el 10% como típicamente se hace. Pero de algo si pueden estar seguros: el Espíritu Santo en el 2000 nos dirigirá a toda la verdad.
“Porque hasta vergüenza da hablar de lo que ellos hacen en secreto.” Efesios 5:12. “Por último, hermanos, piensen en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Piense en todo lo que es bueno y merece alabanza.” Filipenses 4:8. El espíritu del hombre es sordo, mudo y ciego. Requiere el cuerpo con sus cinco sentidos si quiere comunicar algo o recibir una comunicación. Una persona totalmente llena del Espíritu Santo será super precavida de no permitir que por sus cinco sentidos pase cualquier cosa que pueda deshonrarlo.
Porque el templo de Dios es santo o sea el templo que somos. Dios nos ordena “debes ser santo como yo soy Santo.” Aquel que profane el templo de Dios, será destruido por Dios mismo. Sí, cualquier cosa impura quedará fuera del cielo. Apocalipsis 21:27 dice que nada impuro entrará al cielo. Entonces podemos deducir que cualquier cosa que profane nuestras almas y ofenda nuestro santo visitante debe ser dejada afuera. Soy sumamente dogmático y estrecho de mente cuando hablo sobre este asunto, tan dogmático como un doctor que te diría que el cianuro mata.
El tema de hoy, el último de la serie: “Mas allá del Pentecostés,” lo he titulado ‘Enemigos de una vida llena del Espíritu.’ En un sentido, ha sido mejor que sea el último de los temas, porque si lo hubieras oído primero, quizás te habrías sentido tan incómodo que no hubieses querido volver para oír el resto. Pero, si has escuchado los otros sermones de esta serie y has hecho el compromiso de orar por el asunto, y si has tomado la decisión de que quieres llenarte con la presencia del Espíritu Santo de Cristo en tu vida y lo has recibido en tu vida y estás dispuesto a decir, “sí, yo tengo el Espíritu Santo, entonces podrás entender claramente lo que les voy a presentar y aunque éstas pueden ser palabras fuertes, me dirán: “pastor, tiene usted toda la razón.”
Antes de comenzar vamos a orar. “Padre Santo... por años tu Espíritu Santo nos ha hablado y ha estado trabajando con nosotros a nuestro alrededor. Te damos gracias porque tu Espíritu nos convence de pecado, de justicia y de juicio. Ahora, Santo Padre, muchos de nosotros hemos pedido que el Espíritu Santo more en nosotros, para que viva con nosotros en su totalidad, Señor. Tú dijiste que le darías tu Espíritu a todos los que te lo pidieran y gracias porque estás contestando nuestras oraciones; pero para muchos de nosotros esto es una nueva relación y conlleva una responsabilidad enorme. Enséñanos como vivir con tu santa presencia no sólo ahora pero por los siglos de los siglos. Amén.”
El cristiano que continua e innecesariamente se expone a escenas que ofenderían a Dios, está dirigiéndose al fracaso en su vida cristiana: y aunque pida el Espíritu Santo un millón de veces, jamás podrá recibirlo y aunque lo haya recibido en algún momento, difícilmente su vida podrá continuar llena del Espíritu. Y aunque alguna vez disfrutara del Espíritu Santo en su vida, lo perderá y peor aún, como reemplazo recibirá un espíritu engañador el cual se proyectará como el espíritu verdadero. Como el piloto de un avión les diría a sus pasajeros, les digo ahora: “por favor cierren las mesas, pongan los asientos en su posición vertical y abróchense los cinturones por el resto del sermón”.
Les suplico que al menos me escuchen. Les voy a hablar abierta y francamente, de hermano a hermano. El hecho de que ustedes crean o no lo que les voy a decir, no es algo entre ustedes y yo. Dado que tengo la esperanza de que ya han invitado al Espíritu Santo a vivir en sus vidas, esto se convierte en un asunto entre ustedes y el Santo Huésped. Si en algún momento han vacilado a medida que han escuchado los sermones de esta semana, lo que les diré ahora, los ayudará a tomar una decisión de uno u otro lado.
Creo de todo corazón que la forma como muchos cristianos miran la televisión, provee un ambiente hostil a la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. Por favor, ¡no me apaguen! ¡escúchenme! Creo de todo corazón y lo sé por experiencia, que la televisión neutraliza el hambre espiritual y hace impotente la devoción cristiana. La televisión es simplemente un artefacto electrónico, su electricidad no es diabólica, pero los programas que ven muchos cristianos, son una clara evidencia de que definitivamente aman al mundo y cualquiera que ama al mundo, tarde o temprano dejará de sentir el amor del Padre.
Creo de todo corazón que una persona que esté tomando en serio el recibir el Espíritu Santo y su presencia constante tiene que tomar una decisión con respecto a la televisión. Lo que es el cigarrillo para tu salud física es la televisión para tu salud espiritual. Si creen que estoy histérico con el asunto y que estoy exagerando al respecto, entonces explíquenme como reconciliamos la televisión según la ven muchos cristianos y las palabras de Jesús: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia.”
Si creen que me he convertido en una fanático al respecto, entonces explíquenme cómo reconciliamos la televisión según la miran muchos cristianos... y las palabras de Dios cuando nos dice: “Finalmente mis hermanos, cualquier cosa que sea cierta, cualquier cosa que sea honesta, todo lo que sea justo, todo lo que sea puro, todo lo que sea amoroso, todo lo que sea de buen nombre, si hay algo de valor o de alabanza, en esto pensad.”
Una persona podría decirme, “Pastor, lo mucho que ha aprendido lo ha hecho mal pensado, usted no me conoce, gané tres almas el año pasado. Soy maestro de Escuela Sabática, de hecho, soy el pastor de mi iglesia y yo veo televisión.” Escúchenme, les ruego que me escuchen, me preocupa que su conciencia ya esté sellada con una plancha caliente. Porque si continua e innecesariamente nos exponemos a cosas diabólicas, destruiremos nuestra habilidad de discernir entre lo bueno y lo malo. Si no creen lo que les estoy diciendo, ustedes pueden probar mi teoría apagando el televisor por seis meses luego, al final de los seis meses, hablaremos otra vez.
La televisión ha traído una desvastación espiritual y social a nuestra generación. No necesitamos un presupuesto de cinco millones de dólares ni hacer una encuesta a 5,000 personas para reconocer el efecto de la televisión y la devastación social y espiritual que está afectando nuestra generación. Solo tenemos que ver como nos afecta personalmente y a nuestras familias. Algunos dicen, “pero la televisión es un maravilloso instrumento educacional y evangelístico” literalmente depende de como se la mire. Sí es cierto que el huracán Hugo subió el nivel del agua de los lagos de abastecimiento, pero más importante aún fue que trajo muerte, sufrimiento y billones en pérdidas. Sí, todo depende de como se mire... las erupciones volcánicas cubren la tierra con ricos minerales y sedimentos naturales, pero más importante aún es que se pierden vidas, y poblados completos quedan enterrados para siempre. Los volcanes pueden afectar hasta el clima en grandes secciones del planeta.
¿Necesito hablarles más del asunto? Una persona que puede sumar 2+2 puede identificar como la televisión impacta nuestras vidas. Nos aumenta el nivel de estrés en nuestra vida.
1. Estrés -Dios te da suficiente para tus problemas, pero no para los problemas de todo el mundo.
2. Deudas - La propaganda para que compremos cosas materiales nos deja insatisfechos con nuestra vida real. Te dan deseos de tumbar tu casa, botar tu carro. Hasta te dan deseos de hacerte una cirugía plástica. Influye en los hábitos de hacer compras.
3. Moral - Productores de mente enferma.
4. Comunicación con la familia - Programas de televisión que sólo son fantasía, se convierten en el tema de conversación. ¿Se dan cuenta? ...Puras fantasías se convierten en realidad en nuestra mente.
5. Emociones - Viaje a Universal Studios, lloran, se asustan. Exponiendo mis sentimientos por algo que ni siquiera es cierto.
6. Impacto en la Cultura - ropa, vocabulario, dieta.
7. Impacto en como criamos nuestros hijos - Nunca les dije a mis niños que no vieran la TV, simplemente nunca les compramos un televisor. Hay padres que dicen: “nosotros controlamos los programas que los niños ven,” pero como padres al fín, nuestros niños no estarán de acuerdo con los reglamentos que impondremos en este sentido, aun entre el esposo y la esposa, siempre hay uno que es más débil espiritualmente que el otro, y el control de programas puede traer problemas entre ellos.
La TV no es el único impedimento para una vida llena del Espíritu Santo. Hay otro asunto y es la música. Mucha de la música, aun la que llamamos cristiana, que se nos presenta hoy en día es mundana, sensual y diabólica. Algunos dicen que la música es un asunto de gusto personal, y esto es muy cierto. Una vez una persona me dijo que recibe una bendición espiritual cada vez que escucha “rock pesado” religioso.
Si tú y yo no estamos llenos del Espíritu Santo, –la música se queda a un nivel de gusto personal, pero cuando el Espíritu Santo llena nuestras vidas el asunto se torna en “qué tipo de música es la que agrada a Dios?” Algunos dicen, “pero a Dios le gusta cualquier clase de música después que sea para su gloria.” Primero que nada, cómo podemos decir que a Él le gusta cualquier clase de música, cuando a nosotros no nos gusta toda clase de música? En segundo lugar, cualquier música no puede considerarse para la gloria de Dios, de la misma forma que no podemos decir que todo lo que nos podemos comer sirve para alimentarnos. Pero ya está bueno de esto, simplemente creo y digo por mi propia experiencia que a medida que permitamos que el Espíritu Santo llene nuestras vidas, este proceso también cambiará nuestro gusto por la música. Yo creo que Jesús no andaba con pecadores que les gustaba el pecado, sino más bien con pecadores que estaban tratando de despojarse del pecado.
Personalmente, no puedo imaginarme a Jesús, de quien sabemos convirtió a prostitutas, andando por distritos donde se mercadea la prostitución, o visitando librerías pornográficas para tratar de ‘salvar’ a los pervertidos que se encuentran allí. Las escrituras nos dicen: “¿puede una persona tocar el fuego sin quemarse?
Una persona llena del Espíritu va a ministrar a los pecadores no al pecado. Una persona llena del Espíritu será guiada, a medida que se mueve en este ambiente pecaminoso, por la oración de Jesús que dice... “Padre no te pido que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.”
Otro enemigo para una vida llena del Espíritu puede ser causado por la lectura incorrecta. La palabra escrita es la mejor herramienta que Dios hizo para salvar al mundo, pero desafortunadamente es la mejor herramienta del diablo para destruir al hombre también. Si tú has recibido el Espíritu Santo en tu vida durante esta semana, definitivamente ahora serás más cuidadoso con el tipo de libros que lees y el tipo de revistas que miras. Algunos cristianos continuamente envenenan sus mentes con su lectura y el tipo de revistas que compran. Es posible que algunos de ustedes anteriormente estuvieran haciendo algunas de estas cosas, pero si en algún momento practicamos estas cosas, hagamos lo que el apóstol Pablo relata en su carta a los Corintios, si en verdad has recibido al Espíritu Santo de todo corazón, harás lo que hicieron los efesios que quemaron en una fogata los libros y revistas diabólicas.
Muchos cristianos que han aceptado la salvación todavía están dudando entre dos opiniones. Dicen: Queremos ser salvos, pero realmente no creemos que ver las telenovelas puede hacer una diferencia.
Las buenas noticias van ahora.. Ahora que has invitado y recibido al Espíritu Santo en tu corazón, tu mente esta ya determinada. Ahora podrás ver como la luz no tiene relación con la oscuridad. Sabemos de todo corazón que no podemos estar de los dos lados a la misma vez y que la amistad con el mundo implica que estamos en contra de Dios, y si somos amigos del mundo, definitivamente le estamos diciendo a Dios de qué lado estamos.
Durante esta semana hemos presentado una serie de sermones que hemos titulado: Mas Allá del Pentecostés, quizás ustedes me dirán: “Pastor O’Ffill, usted nos ha pedido que recibamos el Espíritu Santo, ¿tienes usted el Espíritu Santo? ¿Lo ha recibido usted?” ¡Sí! Jesús me prometió darme el Espíritu Santo si se lo pedía. Así lo hice, ... y Él me lo ha dado. “Pastor, esto quiere decir que ahora se considera mejor que cualquier otra persona?”
“Hermanos, no considero que yo mismo lo haya alcanzado ya, pero uno una cosa hago; olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio para el que Dios me ha llamado, al cielo en Cristo.” Algunos dirán. “Pero esto me suena a justificación por obras.” No, mi hermano, hermana, si entienden esto me han mal interpretado, no les he estado hablando de justificación por las obras, pero mas bien los resultados de la fe que surgen de una vida llena del Espíritu.
Mientras oramos juntos, agradezcamos a Dios que Él nos ha dado el Espíritu Santo para que more en nosotros. ¡Demos gracias por su invisible regalo!

11/03/2010

ÉL TAMBIÉN PARTICIPÓ DE LO MISMO

El primer capítulo de Hebreos muestra que la semejanza de Cristo con Dios no lo es simplemente en la forma o representación, sino también en la propia sustancia; y el segundo capítulo revela con la misma claridad que su semejanza con el hombre no lo es simplemente en la forma o representación, sino en la sustancia misma. Es semejanza con los hombres, tal como éstos son en todo respecto, exactamente tal como son. Por lo tanto, está escrito: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios... y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros" (Juan 1:1-14).

Y que eso se refiere a semejanza al hombre tal como éste es en su naturaleza caída –pecaminosa- y no tal como fue en su naturaleza original –impecable-, se constata en el texto: "vemos... por el padecimiento de muerte, a aquel Jesús que es hecho un poco menor que los ángeles". Por lo tanto vemos que Jesús fue hecho, en su situación como hombre, de la forma en que el hombre era, cuando éste fue sujeto a la muerte.

Por lo tanto, tan ciertamente como vemos a Jesús hecho menor que los ángeles, hasta el padecimiento de muerte, vemos demostrado con ello que, como hombre, Jesús tomó la naturaleza del hombre tal como es éste desde que entró la muerte; y no la naturaleza del hombre tal como era antes de ser sujeto a la muerte.

Pero la muerte entró únicamente a causa del pecado: la muerte nunca habría podido entrar, de no haber entrado el pecado. Y vemos a Jesús hecho un poco menor que los ángeles, por el padecimiento de muerte. Por lo tanto, vemos a Jesús hecho en la naturaleza del hombre, como el hombre era desde que éste pecó, y no como era antes que el pecado entrase. Lo hizo así para que fuese posible que "gustase la muerte por todos". Al hacerse hombre, para poder alcanzar al hombre, debía venir al hombre allí donde éste está. El hombre está sujeto a la muerte. De manera que Jesús debía hacerse hombre, tal como es éste desde que fue sujeto a la muerte.
"Porque convenía que aquel por cuya causa son todas las cosas, y por el cual todas las cosas subsisten, habiendo de llevar a la gloria a muchos hijos, hiciese consumado por aflicciones al autor de la salud de ellos". Heb. 2:10. Así, haciéndose hombre, convenía que viniese a ser hecho tal como el hombre es. El hombre está sometido a sufrimiento, por lo tanto, convenía que viniese allí donde el hombre está, en sus sufrimientos.

Antes de que el hombre pecase, no estaba en ningún sentido sujeto a sufrimientos. Si Jesús hubiese venido en la naturaleza del hombre tal como éste era antes que entrase el pecado, eso no habría sido más que venir en una forma y en una naturaleza en las cuales habría sido imposible para él conocer los sufrimientos del hombre, y por lo tanto no hubiese podido alcanzarlo para salvarlo. Pero dado que "convenía que aquel por cuya causa son todas las cosas, y por el cual todas las cosas subsisten, habiendo de llevar a la gloria a muchos hijos, hiciese consumado por aflicciones al autor de la salud de ellos", está claro que Jesús, al hacerse hombre, compartió la naturaleza del hombre como éste es desde que vino a ser sujeto al sufrimiento, y sufrimiento de muerte, que es la paga del pecado.

Leemos: "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo" (vers. 14). Cristo, en su naturaleza humana, tomó la misma carne y sangre que tienen los hombres. En una sola frase encontramos todas las palabras que cabe emplear para hacer positiva y clara la idea.

Los hijos de los hombres son participantes de carne y sangre; y por eso, él participó de carne y sangre.

Pero eso no es todo: además, participó de la misma carne y sangre de la que son participantes los hijos.

Es decir, participó -de igual manera- de la misma carne y sangre que los hijos.
El Espíritu de la inspiración desea hasta tal punto que esa verdad sea clarificada, destacada y comprensible para todos, que no se contenta con utilizar menos que todas cuantas palabras puedan usarse para hablarnos de ello. Y es así como se declara que tan precisa y ciertamente como "los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo" -de la misma carne y sangre.

Y eso lo hizo para "por la muerte... librar a los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre". Participó de la misma carne y sangre que nosotros tenemos en la servidumbre al pecado y el temor de la muerte, a fin de poder liberarnos de la servidumbre al pecado y el temor de la muerte.

Así, "el que santifica y los que son santificados, de uno son todos: por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos".

Esta gran verdad del parentesco de sangre, la hermandad de sangre de Cristo con el hombre, se enseña en el evangelio en Génesis. Cuando Dios hizo su pacto eterno con Abraham, las víctimas de los sacrificios se cortaron en dos trozos, y Dios y Abraham pasaron entre ambas partes (Gén. 15:8-18; Jer. 34:18 y 19; Heb. 7:5 y 9). Por medio de este acto el Señor entraba en el pacto más solemne de los conocidos por los orientales y por toda la humanidad: el pacto de sangre, haciéndose así hermano de sangre de Abraham, una relación que sobrepasa cualquier otra en la vida.

Esta gran verdad del parentesco de sangre de Cristo con el hombre se desarrolla aún más en el evangelio en Levítico. En el evangelio en Levítico encontramos el registro de la ley de la redención –o rescate- del hombre y sus heredades. Cuando alguno de los hijos de Israel había perdido su heredad, o bien si él mismo había venido a ser hecho esclavo, existía provisión para su rescate. Si él era capaz de redimirse, o de redimir su heredad por sí mismo, lo hacía. Pero si no era capaz por sí mismo, entonces el derecho de rescate recaía en su pariente de sangre más próximo. No recaía meramente en algún pariente próximo entre sus hermanos, sino precisamente en aquel que fuese el más próximo en parentesco, con tal que éste pudiera (Lev. 25:24-28, 47-49; Ruth 2:20; 3:9, 12 y 13; 4:1-14).

Así, según Génesis y Levítico, se enseñó durante toda esa época lo que encontramos aquí enunciado en el segundo capítulo de Hebreos: la verdad de que el hombre ha perdido su heredad y él mismo está en esclavitud. Y dado que por sí mismo no se puede redimir, ni puede redimir su heredad, el derecho de rescate recae en el pariente más próximo que pueda hacerlo. Y Jesucristo es el único en todo el universo que tiene esa capacidad.

Pero para ser el Redentor debe tener, no sólo el poder, sino también el parentesco de sangre. Y debe ser, no solamente próximo, sino el pariente de sangre más próximo. Así, "por cuanto los hijos" –los hijos del hombre que perdió la heredad– "participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo". Compartió con nosotros la carne y sangre en su misma sustancia, haciéndose así nuestro pariente más próximo. Por ello puede decirse con respecto a él y a nosotros: "de uno son todos: por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos".

Pero la Escritura no se detiene aquí, una vez constatada esa verdad capital. Dice más: "Porque ciertamente no tomó a los ángeles, sino a la simiente de Abraham tomó. Por lo cual, debía ser en todo semejante a los hermanos", siendo hecho él mismo hermano de ellos en la confirmación del pacto eterno.

Y eso lo hizo con un fin: "porque en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados", ya que se puede "compadecer de nuestras flaquezas", habiendo sido "tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (Heb. 4:15). Habiendo sido hecho en su naturaleza humana, en todas las cosas como nosotros, pudo ser -y fue- tentado en todas las cosas como lo somos nosotros. La única forma en la que él podía ser "tentado en todo según nuestra semejanza" es siendo hecho "en todo semejante a los hermanos".

Puesto que en su naturaleza humana es uno de nosotros, y puesto que "él mismo tomó nuestras enfermedades" (Mat. 8:17), puede "compadecerse de nuestras enfermedades". Habiendo sido hecho en todas las cosas como nosotros, cuando fue tentado sintió justamente como sentimos nosotros cuando somos tentados, y lo conoce todo al respecto: y de esa forma es poderoso para auxiliar y salvar plenamente a todos cuantos lo reciben. Dado que en su carne, y como él mismo en la carne, era tan débil como lo somos nosotros, no pudiendo por él mismo "hacer nada" (Juan 5:30), cuando "llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores" (Isa. 53:4) y fue tentado como lo somos nosotros -sintiendo como nosotros sentimos-, por su fe divina lo conquistó todo por el poder de Dios que esa fe le traía, y que en nuestra carne nos ha traído a nosotros.

Por lo tanto "llamarás su nombre Emmanuel, que declarado es: con nosotros Dios". No solamente Dios con él, sino Dios con nosotros. Dios era con él desde la eternidad, y lo hubiese podido seguir siendo aunque no se hubiera dado por nosotros. Pero el hombre, por el pecado, quedó privado de Dios, y Dios quiso venir de nuevo a nosotros. Por lo tanto, Jesús se hizo "nosotros", a fin de que Dios con él pudiese venir a ser "Dios con nosotros". Y ese es su nombre, porque eso es lo que él es. Alabado sea su nombre.

Y esa es "la fe de Jesús", y su poder. Ese es nuestro Salvador: uno con Dios y uno con el hombre; "en consecuencia, puede también salvar plenamente a los que por él se acercan a Dios".

DIOS SIMPRE DA EL MEJOR A USTED