14/12/2012

La Justificación por el Hijo de Dios


Justificación se refiere a un cambio en la situación jurídica de los creyentes en Jesucristo. Dios declara legalmente justo al pecador que pone su confianza en Jesucristo.
NECESIDAD DE JUSTIFICACIÓN
Justificación responde a la pregunta: "¿Cómo es que un pecador es aceptado delante de Dios?"
El apóstol Juan declara: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Juan 3:36). "Nosotros éramos por naturaleza hijos de ira" (Efesios 2:3). Somos culpables porque somos culpables. "Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23). El resultado es "Porque la paga del pecado es muerte..." (Rom. 6:23). "El alma que peque esa morirá" (Ezequiel 18:4).
¿Cómo recibe Dios a un pecador?
La Biblia enseña que Dios declara al pecador creyente justo basado en el pecador poniendo su fe y confianza en la muerte de Jesús Cristo para cubrir todos sus pecados. La justificación no significa que Dios nos hace justos, eso es la doctrina de la santificación progresiva. El pecador es declarado justo. La palabra clave es "declarado."
Somos pecadores que hemos fallado a lo que Dios quiere que seamos. Jesucristo murió por nuestros pecados. Él murió en nuestro lugar en la cruz. Dios el Padre nos ve buscando a Jesús para ser salvos. En el momento en que confiamos en Cristo su sangre nos limpia de todos nuestros pecados. El Padre nos pronuncia  absueltos.
Desde  que el Padre está satisfecho con su Hijo. Él también está satisfecho con los que creen en la muerte de su Hijo y la resurrección. Él está satisfecho con los que están "en Cristo." Él nos ve en nuestro pecado. Dios ve nuestra fe y nos declara justos ante Dios ¡Perdonado! ¡Perdonado! ¡Absuelto! Se trata de una vez y para siempre acto de Dios por el cual Él nos declara justos a sus ojos.
LA NATURALEZA DE LA JUSTIFICACIÓN
Por el don de la gracia de Dios se nos ha  declarados a estar bien  con Cristo Jesús que murió para liberarnos.
Las Escrituras que tratan específicamente la cuestión de la aceptación del hombre pecador ante Dios son claramente utilizadas  en el sentido forense. Esto también es válido cuando se utiliza la palabra "condena" (Romanos 5:16; 8:33, 34; cf. Salmo 32:1; 142:2; Rom. 2:2, 15; 8:33; 14:10; 1 Juan 2:1). Una persona justificada es llevado a un cambio de relación judicial de Dios (Romanos 4:3, 6-8; 2 Corintios 5:19, 30).
Dios ve a la persona creyente, como constituidos justos en Cristo, y aceptándolo "en el Amado." Él declara que él es lo que es: "en Cristo." Es sólo un "justo" que puede ser declarado justo o inocente a causa de la justicia de Dios en Cristo Jesús.
El Catecismo de Westminster de 1643 dice claramente: "La justificación es un acto de la gracia de Dios a los pecadores, en la que Él perdona todos sus pecados, acepta y  cuentas sus justos delante de él, no por nada obrado en ellos, o por ellos, sino  sólo por la obediencia perfecta y satisfacción plena de Cristo, por Dios que se les imputan, y se recibe  por la fe."
 Otro reformador, dijo, "Se trata de un judicial, pero también es un amable acto de Dios, mediante el cual los elegidos y pecador creyente son  absuelto de la culpa de sus pecados, y que tiene derecho a la vida eterna adjudicado a él, a causa de la obediencia de Cristo, recibió por la fe" (Witsius).
Es importante tener en cuenta que la justificación no se refiere a cualquier cambio en la disposición subjetiva forjado de una persona, sino que  es solamente un cambio objetivo en su posición en relación con la ley de Dios. La justificación tiene únicamente que ver con el aspecto legal de la salvación. Es la sentencia del juez.
La justificación es el acto misericordioso de Dios por el cual declara al pecador creyente justo a causa de la obra terminada de salvación de Jesucristo. Según 2 Corintios 5:21, Dios pone a nuestra cuenta la justicia de su Hijo. "Él [Dios] le hizo [Jesús] Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él." Como resultado de ese gran intercambio, "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús" (Romanos 8:1). Debido a la aceptación de la muerte de Jesús Cristo, Dios se olvida de que somos pecadores.
LOS MOTIVOS DE LA  JUSTIFICACIÓN
El apóstol Pablo escribió, "y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con miras a manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús" (Romanos 3:24-26).
Nosotros somos "justificados gratuitamente por su gracia", y no por algo que podamos  hacer posible. Somos pecadores los cuales somos indignos y no podemos  merecer el favor de Dios. Si alguna vez vuelvo a ser "justificado" por Dios, debe ser por la pura gracia de Dios. Nuestra salvación se hizo cierta en el pacto eterno de gracia.
William Temple, dijo, "La única cosa de mi propio  yo el cual puedo aportar a mi redención es el pecado de la que tengo que ser redimido."
Nuestros pecados, violó la ley de Dios y somos culpables delante de él. Nos merecemos la ira de Dios sobre nosotros. "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Juan 3:36, NET). "Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Romanos 6:23, NET).
El que desobedece al Hijo no tiene vida eterna con Dios, y permanece bajo el castigo de Dios. Que merecemos, y estamos destinados a sufrir la ira de Dios. Sólo Dios puede justificar al pecador culpable. Su gracia libre es la única causa motriz. No tenemos el menor grado de mérito como base de la aceptación de Dios.
Sin embargo, Dios intervino y su propio Hijo pagó nuestra deuda en su totalidad al morir en nuestro lugar en la cruz. Era un castigo en lugar nuestro. "Más él fue herido por nuestras rebeliones,  molido por nuestros pecados. Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo" (Isaías 53:5). "Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero" (1 Pedro 2:24). "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado" (2 Cor. 5:21a). Dios puso nuestros pecados sobre Cristo y lo castigó en nuestro lugar.
La muerte de Jesucristo quita la razón de la ira de Dios. "Cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo." Éramos enemigos de Dios, pero Él nos hizo sus amigos a través de la muerte de su Hijo.
Nuestra justificación se basa únicamente en el trabajo objetivo mediador de Jesucristo en nuestro nombre. Es importante tener en cuenta que la justificación no es interna. Que es externo a nosotros. No es que se haga algo por nosotros o en nosotros. No se obtiene por nuestra virtud, obras o méritos. Es lo que se hizo una vez y para siempre para nosotros. Somos justificados "por la sangre de Cristo" (Romanos 5:9), por su "justicia" (Rom. 5:18), por su "obediencia" (Rom. 5:19), "en el nombre del Señor Jesucristo" (1 Cor. 6:11). "Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo, nuestro Salvador, para que, justificados por su gracia, llegáramos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna" (Tito 3:5-7).
La gracia de Dios transfirió todos mis pecados a Cristo. La justicia santa de Dios crucifico a Cristo  a causa de los pecados. La gracia nos alcanzó y se aplica al sacrificio expiatorio de Cristo, y me dio la vida eterna.
En Cristo somos hechos justicia de Dios. La total y completa  justicia perfecta de Cristo es la justicia que se le imputa al pecador que cree. Cristo no está dividido ni su justicia dividida. La justicia de Cristo, su obediencia perfecta en su sacrificio expiatorio y el sufrimiento de la voluntad de Dios es imputada al creyente. Es sobre esta base que el creyente es declarado justo y derecho a la vida eterna.
Vamos a ser muy claro, esto no es una gracia infusa, o la justicia heredada, que se obtiene a través de los sacramentos de la iglesia, la regeneración bautismal, etc. En nuestra justificación no estamos justificados en un sentido moral.
Jesucristo se hizo pecado, llevando nuestros pecados, por lo tanto somos hechos justos por llevar su justicia (2 Cor. 5:21). Nuestros pecados son imputados a él y por lo tanto, convirtamos  la base

24/10/2012

Paz y gozo

En los que fraguan el mal habita el engaño,
pero hay gozo para los que promueven la paz.
Proverbios 12:20
El buscar la paz con constancia y perseverancia tiene su recompensa. Existe una estrecha relación entre el deseo por la paz y la alegría en el corazón. Aún más, hay un círculo virtuoso entre la dicha y la paz. El que busca la paz, haya la dicha y el que disfruta la dicha busca la paz.
Esta situación ideal es totalmente desconocida para la gran mayoría de la gente ya que no conocen al Hijo de Dios. Sus vidas están llenas de conflicto y problemas, buscados por ellos mismos y de los cuales, aunque se quejan, no quieren salir.
La paz y el gozo forman parte del fruto del Espíritu Santo en la vida del creyente. La única manera que este fruto puede brotar en la vida de una persona es mediante la regeneración que ocurre cuando entregamos nuestras vidas a Cristo y lo aceptamos como Señor y Salvador. No esperes más. Recibe a Cristo.

14/09/2012

Manto contra errores / Mantle against Errors


“Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies. ” 2 Sam. 9: 13

Sin lugar a duda si hay una historia en el AT que me impresiona por ser una epopeya de amor, amistad y misericordia es la protagonizada por el rey David y Mefiboset.

Detalla esta historia la culminación de una promesa pero a la vez el término de un sufrimiento de un joven el cual por error de una persona quedo minusválido y paralitico del alma y de corazón.
Pero contra todo pronóstico en esta historia cada día yo me veo irradiado como al
espejo claro.

Ya Mefiboset es restituido de donde nunca debió salir, y como has de imaginar y saber además, que diariamente antes de que la familia real comenzaran sus actividades reales, iban a la mesa para desayunar o almorzar y allí encontrarse con el rey padre y líder de todo Israel, y allí convocado era diariamente Mefiboseth, si el mismo que días antes estaba en un lugar solitario y lejos del reino.
Pero si trajese una fotografía de ese tiempo a nuestro tiempo moderno de esos encuentros diarios, ¿crees poder diferenciar a Mefiboseth? Antes que te adelantes con tu respuesta te digo que recuerda que este joven pertenecía a la realeza, su padre Jonatán candidato al trono y nieto del Rey Saúl, reitero mi pregunta ¿crees poder diferenciar a Mefiboset? No creas que esa mesa estaba llena de príncipes y de un mendigo que vino hoy a comer de colado, ¡no! Así que te invito por favor que hagas un cuadro mental de ese almuerzo real, en el cual nuestro personaje
principal está ahí.
Después de un buen baño real, una buena rasurada real, colonia real, vestido real, ¿adivinarías quién es el discapacitado?

Fíjate en esta fotografía mental: el Rey David Padre, Tamar la hija hermosa, Salomón el inteligente príncipe, Amnón el obstinado y rebelde, el bello Absalón y nuestro personaje, todos parecen hijos de David. Solo cuando todos se van a sus labores y actividades reales es cuando notamos la diferencia. Es cuando la persona encargada quita el mantel y queda al descubierto la fragilidad de Mefiboset.
Por eso te digo tú y yo somos así, si nos ponen ese mantel parecemos hombres y m
ujeres de Dios pero pocos saben que cuando ese mantel se cae se denota nuestra necesidad, pero al ponerlo parecemos Príncipes y Princesas y a lo contrario somos solo pobres mendigos necesitados.

Es que esa joven canta de una forma angelical, que lindo predica, que bien dirige, que bien portado, que bueno que nos ayuda, todos los anteriores están detrás de la mesa y el mantel no nos hace ver sus necesidades. Con razón el Señor les dijo a los discípulos: ¡sin mi nada podéis hacer! (San Juan 15), porque en el momento que nos creamos ser alguien por lo que hacemos o por lo que nos pueda ver la iglesia o el mundo deberíamos mirar debajo de la mesa y mirar nuestra debilidad.

Siempre estamos invitados a comer a la mesa del rey al igual que Mefiboset. Pero que la memoria no se nos haga frágil y olvidemos nuestra necesidad, más la invitación del Padre para que nuestras vidas parezcamos personas perfectas.

Por eso te reto hoy a entender esto: ¡Olvídate de donde Dios te puso más nunca, nunca olvides de donde te saco. Y si te pasa por favor mira debajo de la mesa!
Por Martin Santana

Don de Dios / gift of God

Por eso te recomiendo que avives la llama del don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos. 2 Tim. 1: 6
En el antiguo Israel en el momento de recoger el santuario, había varias responsabilidades que había que cumplir, entre las cuales estaban los que debían levantar el campamento, los que llevaban las estacas, los que arr
eglaban las cortinas, los que movían las columnas,
los postes. etc.
En esencia la tribu de Levi tenía responsabilidades en el movimiento del santuario y el campamento.

Pero una de esas importantes responsabilidades era mantener encendidas las lámparas en el Santuario y como para todo el Señor les había dado instrucciones precisas sobre esto: »Ordénales a los israelitas que te traigan aceite puro de oliva, para que las lámparas estén siempre encendidas. 21 Aarón y sus hijos deberán mantenerlas encendidas toda la noche en presencia del Señor, en la Tienda de reunión, fuera de la cortina que está ant
e el arca del pacto. Esta ley deberá cumplirse entre los israelitas siempre, por todas las generaciones. Ex. 27: 20-21
Vamos al N.T donde veremos algo semejante en la vida de un guerrero del Señor, el apóstol Pablo esta por morir y da uno de los consejos menos comentados en la vida cristiana juvenil.
Y lo que le dice a Timoteo como consejo final no es, cásate con una chica linda, se buen predicador, cuida la iglesia, le dice Por eso te recomiendo que avives la llama del don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos. 2 Tim.1: 6 todo lo mencionado antes es importante pero fíjate qué consejo le da Pablo a Timoteo.

Y este es uno de los consejos menos tomados en cuenta aún por nuestros líderes, debemos avivar el don de Dios que hemos recibido, y no me refiero a don espiritual especifico sino a mantener tu vida espiritual encendida.
Muchas veces nuestros malos hábitos hacen que no le pongamos aceite puro a nuestras lámparas espirituales, porque ese aceite es importante que sea puro, porque si no nuestras lámparas no darán la luz que requiere Dios para un ejemplo satisfactorio.
Hay una manera de ordenar nuestra vida mental en más de un nivel a la vez. A un nivel podemos estar p
ensando, discutiendo, viendo, calculando, cumpliendo todas las demandas de los asuntos externos. Pero por dentro, entre bastidores, a un nivel más profundo, podemos estar en oración y adoración, cantando y alabando, y siendo moderadamente receptivos a la inspiración divina.
En la Encarnación, Dios hijo toma el cuerpo y el alma humana de Jesús, y, a través de ello, introduce todo el entorno de la naturaleza, toda la condición de la criatura humana, dentro de su propio ser.
Así que ‘el que descendió del cielo’ casi puede traducirse como ‘el cielo dejó que la tierra entrara en él’, y así Dios conoció, desde antes que todos los mundos, el localismo, la limitación, el sueño, el sudor, la fatiga, la preocupación, la frustración, el dolor, la duda y la muerte desde dentro.
La luz pu
ra camina sobre la tierra; la oscuridad, recibida dentro del corazón de la deidad, queda absorbida allí. ¿Dónde se puede ahogar la oscuridad si no es en la luz increada?
Así que lo que Dios quiere de ti es que prosigas adelante y no desmayes en adquirir aceite puro para hacer arder tu lámpara, porque en el versículo 21 de Ex. 27 dice que esto se debe cumplir en su pueblo por todas las generaciones.

En el Griego anazopuréo significa: “renovar la llama”, “reavivar”; es lo que diariamente debemos hacer, reavivar ese don que Dios puso en nosotros, así que te reto a mantener tu lámpara encendida y que siempre tu ocupación sea buscar el aceite puro que Dios te recomienda buscar diariamente en oración.

Bendiciones mil!

“Tu vida es el regalo de Dios para ti; haz de ella tu regalo a Dios”
Por Martin Santana